Saltar al contenido

¿Cómo modificar nuestros malos hábitos?

modificar nuestros malos hábitos

Cambiar el estilo de vida es harto difícil, pero a causa de la salud muchos deberíamos alterar esos ritmos nocivos para nuestro cuerpo. Si nos lo proponemos, cada uno sacaría fuerzas para hacerlo, y seguro que viviría mejor.

Todos tenemos malos hábitos, pero cambiar nuestro estilo de vida nos resulta harto difícil. Sin embargo, en el fondo, estamos convencidos de que si nos lo propusiéramos en serio, sacaríamos fuerzas para poder hacerlo.

Cuestión de vida o muerte

Para Martín, abogado, era una cuestión de vida o muerte y aún así no cambiaba. Con 50 años, ya era su segundo by-pass coronario. Las arterias de su corazón estaban tan obstruidas que un tercer by-pass era impensable. Tenía que dejar de fumar de inmediato, cambiar su alimentación y hacer deporte; es decir, los únicos métodos conocidos que pueden curar realmente cualquier tipo de enfermedad cardíaca dejando los medicamentos como segunda opción.

Sin estos cambios, sus posibilidades de sobrevivir eran considerablemente bajas. No obstante, aun sabiéndolo, no variaba sus hábitos de vida.

¿Y tú, lo harías? ¿De verdad? ¿Tan seguro estás?

Las estadísticas muestran lo contrario. El 90 por ciento de las personas que se ha sometido a una operación de by-pass no modificó sus hábitos de forma significativa durante los dos años siguientes a la intervención. Entre estas personas nos encontramos precisamente nosotros: occidentales, con alto nivel cultural y con plena posesión de la información necesaria. Y aun así no cambiamos nada.

¿Quizá sea mucho pedir?

Si se tratara simplemente de tomarnos una pastilla todas las mañanas, entonces no habría ningún problema, ¿verdad? Pues ni siquiera con una acción tan sencilla. De algunos estudios se desprende que dos tercios de las personas a las que se le han prescrito un medicamento para hacer bajar el colesterol dejan de tomarlo al cabo de un año, a pesar de las advertencias de su médico. Entonces, ¿qué está ocurriendo? ¿A qué nos resistimos?

Nuestras verdaderas motivaciones

Martín estaba mucho más gordo, había dejado de hacer deporte desde hacía años, iba a todos lados en coche, su vida sexual se había ido reduciendo progresivamente a partir de haber perdido la confianza en sus erecciones, la relación con sus hijos se había deteriorado después de su divorcio y les veía muy de vez en cuando y padecía de la tensión a causa de toda esta situación.

A partir de la absorción de su gabinete por un grupo más importante, el nivel de trabajo había aumentado considerablemente y había tenido que dejar de ir a las veladas de jazz en las que quedaba con sus amigos.

Ante este panorama, ¿cómo podría decidirse también a prescindir de esas patatas fritas que tanto le gustan o a los postres? Ahora se han convertido en los únicos amigos que le quedan, siempre ahí, previsibles y reconfortantes cuando ya nada parece serlo. Además, en el fondo, la idea de añadir unos cuantos años más de vida a esta existencia, que le resulta más bien monótona, no le seduce en absoluto. Por lo menos no hasta el punto de tener que abandonar también esos pequeños y “sencillos” hábitos que tanto placer le aportan.

Cambios

Lo que puede hacernos cambiar no es la información sobre nuestras probabilidades de supervivencia. ¿Quién ha dejado de fumar por haber visto escrito el cartel de “fumar mata” en los paquetes de tabaco? Ningún mensaje abstracto puede motivarnos lo suficiente.

En realidad, la clave reside en las emociones; los cambios en los que nos embarcamos deben ser tales que nos hagan sentirnos más vivos; es decir, el hecho de cambiar nos debe aportar más placer que el hecho de no hacer nada.

Martín ha cambiado. Lo ha conseguido gracias a un grupo de apoyo. Ha llegado incluso a comprender que cuanto más rápido se alejaba de todo aquello que le había encerrado en el aislamiento y en ese cuerpo que no aceptaba, más vivo se sentía.

Ha supuesto dejar atrás los sofocos, descubrir la dulce embriaguez de la fatiga física después de un gran esfuerzo, ver cómo recupera sus erecciones por las mañanas, hacer bajar su nivel de colesterol sin ni siquiera tomar medicamentos y sentir gracias a todo esto que volvía a ser dueño de su cuerpo. Sin embargo, la etapa decisiva ha sido reconciliarse con sus hijos.