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¿Cómo conocerse a uno mismo y ver si soy quien quiero ser?

conocerse a uno mismo

Conocedores de nuestros sueños y nuestros miedos, seis expertos, desde seis ámbitos distintos, nos aportan las vías para alcanzar nuestra verdadera esencia. Porque cada uno de nosotros somos únicos, cada uno debe hallar su sendero a seguir.

Aprender de las emociones positivas

En este mundo tan competitivo estamos acostumbrados a llevar una máscara para protegemos. En según qué ámbito puede ser prudente llevar esta máscara, por ejemplo, en el trabajo, para que no se aprovechen de nosotros.

Pero en otros ámbitos de nuestra vida es importante aprender a quitarnos la máscara, a ser más verdaderos, más auténticos, más persona. Pero mucha gente no es capaz de hacerlo, ni delante de sí mismo, ni delante de la persona a la que quiere.

Entonces, el hecho de llevar una máscara nos puede perjudicar porque la otra persona percibe que no somos del todo abiertos a ella y a la relación y esto es un obstáculo para llegar a la compenetración.

Tenemos que aprender a ser más nosotros. ¿Cómo podemos conseguirlo? Lo más importante es ser sincero con uno mismo, no autoengañarse. Autoengañarse requiere un esfuerzo psicológico que conlleva mucha ansiedad, mientras que ser como uno es crea bienestar psicológico.

Hay que preguntarse: tal y como me presento ahora, ¿me hace sentir bien? ¿o estoy intentando dar una imagen que no soy yo y por eso siento ansiedad, tensión e incomodidad? Hay que escucharse a uno mismo, las emociones positivas nos pueden guiar en este camino.

Tener valor para enfrentarse a los demás

Para ser verdadero, primero necesito conocerme y ver si soy quien quiero ser. Para eso conviene pasar tiempo a solas conmigo mismo para reflexionar y ver cuáles son los valores en tomo a los que quiero construir mi vida. Después ver cómo me comporto respecto a esos valores; para ello, además del propio análisis, conviene averiguar qué piensan personas de confianza.

Una vez hecho este trabajo, que ayuda a sentar las bases, hay que ponerlo en práctica. En esta fase hay dos factores fundamentales: el primero seria la confianza en uno mismo para ser fiel a los valores que uno ha identificado; el segundo es ser consciente de que como quiero ser probablemente no es lo que piensa mi familia, ni tampoco como me “dicen que tengo que ser” los mensajes sociales o políticos.

De todas esas fuentes de información tengo que valorar cuáles van en la dirección que he elegido y decidir. Si me equivoco, ese aprendizaje me acercará más a mi objetivo. Para esto hace falta valor.

Por tanto, ser verdadero y auténtico es posible, sólo hay que tener ganas de serlo, unas pautas para el camino y paciencia para saber que lleva un poco de tiempo, pero el resultado es mayor de lo invertido.

Lo que no podemos es culpar a nadie de cómo somos; elegimos las personas con las que compartimos nuestro tiempo personal y somos responsables de nuestras decisiones. El pasado ya ha pasado y la única forma de cambiar el efecto que tiene es decidiendo cómo quiero ser.

Un ejercicio que podemos hacer es identificar un aspecto concreto que queremos practicar para ser auténticos, después ser conscientes de los comportamientos que podemos desarrollar y buscar una semana dos o tres oportunidades de practicarlo. Al inicio cuanto más fáciles mejor; la semana siguiente incluir otro aspecto y así hasta que hayamos practicado los más importantes. Entonces ya estamos en el camino adecuado para conseguirlo. En definitiva hace falta un poco de confianza, fortaleza y paciencia.

Rescatar lo que nos es más propio

Los ideales de una persona que se van construyendo a lo largo de la vida, a partir de figuras relevantes de su infancia que juegan un papel primordial, están impregnados de los ideales generales de la sociedad en que cada uno vivimos.

Para ganar en libertad, el ser humano, más allá de los ideales, debe poder rescatar lo que le es más propio, aquello que dirige su vida (aunque es inconsciente) y no traicionarlo, ni traicionarse. Una cosa es entrar en el juego de la escena social, que a veces es necesario, y otra muy distinta confundimos con él. “Jugar” ciertos personajes no siempre es equivalente a ser falsos, pero no debemos confundirnos con ellos.

No somos siempre los mismos, pero eso no quiere decir que seamos deshonestos. Somos en relación con los otros y en esa interacción nos ocurren cosas: unas las conocemos, otras se nos escapan.

En cada encuentro se despiertan situaciones, miedos, sentimientos anteriores que se mezclan con la actualidad, creando cortocircuitos, lo que explica ciertas conductas que nos sorprenden o confunden.Todo ello pertenece a ese campo que llamamos “inconsciente” y es importante desbrozar ese camino cuando se instala el sufrimiento. Es lo que el psicoanálisis puede ofrecer.

En ocasiones equiparamos ser reservado con ser falso o ser rotundo con ser honesto o verdadero. Sin embargo, poder ocultar ciertas cosas no es siempre deshonesto, puede ser una manera “valiente” de respetar al otro. Otras veces nos sentimos impostores sin serlo, por no sentimos a la altura de lo que creemos se espera de nosotros.

Luchar por lo que de verdad queremos

Empieza por conocerte a ti mismo: mírate al espejo. Identifica tus principales virtudes y tus principales áreas de mejora. Escucha más tu voz interior y lucha por lo que de verdad quieres, que suele tener mucho que ver con tus principales virtudes.

Dedícate a ello en cuerpo y alma. En contra de lo que hoy día piensan muchos, es el primer y gran principio de éxito: dedícate a lo que te apasiona, serás feliz y, sin duda alguna, de este modo llegarás a ser más tú mismo que nunca.

A mis hijos les digo siempre, hasta el punto que ya lo dicen de corrido: “Conseguiré lo que quiera siempre que sea bueno para mi, bueno para los demás y no haga daño a nadie”.

Respetarse a uno mismo y a los demás

La necesidad de ser auténticos tiene que ver con el respeto por uno mismo y por los demás y en su práctica es importante tanto el fondo como la forma; es decir, se requiere conocer y dar importancia a lo que uno piensa, siente, necesita y quiere para darlo a conocer a los otros y hacerlo entender y respetar.

Lo que decimos nos expresa, crea lazos, pone limites a los otros; pero también puede dañar, ocultarnos o distanciarnos de los demás.

¿Qué hacer para que nuestra comunicación sea constructiva? Primero, ser auténtico con uno mismo.

Lo cual implica abrimos a comprender nuestro mundo interior de necesidades, deseos, actitudes, etcétera. Para ello es importante que nos demos un tiempo para contactar con lo que sentimos, dándole valor y escuchándolo sin engañamos. A veces, detrás de una primera emoción (por ejemplo, de enfado) se ocultan otras (de dolor, frustración, etc).

Después, se debe evaluar si tiene sentido o merece la pena expresarlo a la persona que nos lo suscitó (para aclarar la situación o hacemos respetar). Para ello habrá que vencer el miedo a expresarse ante los otros y hacerlo respetando el mundo interior de los demás para que el mensaje llegue de verdad.

En definitiva, hace falta tiempo, honradez con uno mismo, consciencia y respeto por los otros.

Tomar conciencia de dónde estamos

Ser auténtico significa vivirse y vivir sin máscaras, desde el fluir de lo que soy verdaderamente. Para ser auténticos se debe emprender un camino de autoconocimiento y reafirmación del yo desde el aquí y ahora.

Desde la arteterapia, propongo un ejercicio que ayuda a desdramatizar e ir tomando conciencia de dónde nos encontramos. Vamos a explorar lo que los demás ven de ti, lo que ves de ti y lo que realmente eres:

Busca una pequeña libreta que te sirva como soporte; no puede ser cualquiera (que diga algo, recoja tu esencia). En la portada escribe “mi ser auténtico”, haz una lista de aquellas personas que son importantes para ti, en cada página escribe uno de esos nombres, incluye tu nombre para darte tu página. Invítalas a

que escriban cómo te ven y te sienten, intentando concretar todo lo posible, incluso con un dibujo o garabato que refleje cómo te ven; la libreta estará unos días con cada persona. Después, te toca escribir cómo te ves, te sientes y dibujarte.

Finalmente dedícate un tiempo para leer todo y tomar conciencia de qué coincidencias ves entre lo que tú has escrito y dibujado de ti y los demás, pregúntate cómo te sientes en ese momento y si esa persona de la que han escrito y dibujado todas/os y tú, eres tú.