Saltar al contenido

Deja respirar a tu pareja

dejar respirar a la pareja

Tú y yo igual a nosotros. ¿Pero dónde hemos dejado nuestro “yo” individual? Para no perdernos dentro de la pareja y alimentarla sin agotarla, una única solución es posible: cultivar la (buena) distancia y afirmar cada uno nuestra propia identidad.

Problemas de pareja

El matrimonio es cuando un hombre y una mujer sólo forman uno. Lo difícil es saber cuál de los dos. Esta cita de Woody Allen resume con acierto los problemas de la pareja.

Todo lo que parece mágico al principio -compartir la misma cama, los mismos gustos, incluso tener los mismos tics de lenguaje- puede conducir al empobrecimiento del amor (incluso a su muerte) y a la sensación de que hemos perdido nuestra identidad. A fuerza de ceder, el “yo” termina ahogado por el “nosotros”.

Prolongación de uno mismo

La relación transforma al otro en una prolongación de uno mismo; en un doble a la vez previsible e invisible. Esto es lo que le ocurrió a Mercedes, de 42 años, casada desde hace 12: “Al cabo de algunos años, ya no sabía quién era. Tenía la impresión de vivir a través de mi marido, de llevar una existencia muy pobre.

Tenía ganas de romper con todo, me asfixiaba. En lugar de separarme, decidí buscar trabajo. El conocer a gente nueva, estar en otro ambiente, me hizo cambiar, me hizo ser más autónoma y estar más radiante”.

Ser “yo” dentro del “nosotros”

También puede ocurrir que elijamos a alguien opuesto a nosotros y que nos sintamos atraídos precisamente por estas diferencias, como explica la psicóloga clínica Carmen Serrat:

“Al principio te atrae esa diferencia, pero a la larga es fuente de conflictos porque uno quiere hacer una cosa y el otro quiere otra”. ¿Cuál es la clave entonces?

Mantener una cierta individualidad, pero sin olvidar que vivimos en pareja, coinciden en afirmar los tres especialistas consultados -las psicólogas clínicas Carmen Serrat, autora de Terapia de parejas, y María Jesús Álava, autora de Amar sin sufrir, y el psiquiatra Paulino Castells, autor de Separars bien .

“Las relaciones posesivas nunca funcionan para ningún miembro de la pareja -sostiene Álava-, La persona que es posesiva se siente insatisfecha constantemente, quiere que su pareja viva sólo para él. El otro miembro de la pareja llega a un punto en que, inevitablemente, se siente asfixiado”. Es fundamental para la relación dejar de entrar un poco de aire fresco en la pareja, aprender a confiar en el otro y entender que es un error el querer compartirlo todo.

Seguir siendo dos

“En el amor, el primer ingrediente fundamental es que la persona que lo experimente sea una persona llena -afirma la psicóloga clínica Carmen Serrat-. Cada uno debe de tener sus metas, sus objetivos, sus aficiones, porque eso nos hace estar contentos, estar mejor y aportar más cosas a la pareja.

No podemos basar nuestras satisfacciones en lo que nuestra pareja nos dé, porque entonces acabamos presionándola, atacándola”. Parece sencillo y, sin embargo, solemos pensar que cuando amamos, tenemos que tener ganas de hacer las mismas cosas.

“Si no haces lo mismo que yo, es que no me quieres lo suficiente”, pensamos. Y, sin embargo, lo que debemos cultivar es la diferencia, que es lo que nos enriquece y nutre. Al fin y al cabo, eso fue lo que nos atrajo al principio. Así nada será previsible y familiar.

Evitar los sacrificios

Abandonar nuestros amigos y aficiones con el pretexto de pasar más tiempo con nuestra pareja es un error, igual que sólo aceptar a los amigos del otro. El sacrificio es siempre una forma de chantaje que termina por envenenar la intimidad de la pareja.

El que se sacrifica vive con la esperanza de ser un día recompensado por haber cedido tanto y la más mínima tentativa de autonomía de su pareja la considera de una ingratitud insoportable. La solución, para la psicóloga María Jesús Alava, “es pactar un acuerdo que sea razonable, en el que cada uno expresará lo que quiere seguir haciendo”.

Crear un espacio amoroso adecuado

A fuerza de compartir la misma cama, terminamos volviéndonos perezosos y el deseo por el otro desaparece como por arte de magia. Algo que condenan los especialistas. “La vida sexual es importantísima -sentencia Carmen Serrat-, pero ¿cuánta energía le dedicamos? Tenemos tendencia a dejarla para el último momento, cuando estamos cansados.

Hay que dedicarle tiempo, creatividad, entusiasmo. Es importante pasar tiempo solos y cultivar la sorpresa: salir un día por semana, hacer una escapada al mes y un viaje una vez al año”. Por su parte, María Jesús Alava aconseja “no tener relaciones en el mismo sitio, a parecida hora y de la misma forma”. El sexo no es sólo penetración “ni debe conllevar un nivel de exigencia altísimo y de difícil cumplimiento”, añade Paulino Castells, psiquiatra y psicoterapeuta.

Dedicar un fin de semana a la sensualidad, a la naturaleza, al arte, crean una intimidad diferente.

Aceptar la distancia

Para María Jesús Alava, no sólo es bueno hacer viajes en solitario, sino que además es necesario. Las personas necesitamos momentos y espacios para nosotros mismos, para volver a reencontrarnos, para llenarnos de energía, para estar con otras personas. Si no nos dejamos esos espacios, esos viajes, pronto experimentaremos un sentimiento de falta de libertad, que se volverá contra nuestra pareja.

Sin embargo, esto no siempre es fácil de llevar a cabo ya que cuando uno de los miembros de la pareja se nutre fuera, pueden aparecer los demonios de la inseguridad afectiva. “¿Cómo puede sentirse realizado lejos de mi? ¿Y si le coge el gusto a estar fuera y no vuelve?”.

Entre amor y posesión la frontera es muy tenue. Miedo al abandono y fragilidad narcisista son los frenos que, inconscientemente, nos impiden dejar que el otro se aleje. Sin embargo, no debemos olvidar que es la frustración la que nos hace huir y no la libertad.

Cristina, de 52 años, ha encontrado la clave: “Siempre que quiero hacer un viaje, invito a mi marido a que se venga conmigo. Sé que me va a decir que no, pero con eso consigo que no sienta abandonado. No quiero renunciar a nada que me enriquezca la vida y además tengo comprobado que cuando renuncias a eso te deprimes y terminas pasando factura al otro”.

Cultivar el deseo fuera de casa

La pasión se nutre también de ciertos ramalazos de deseo incubados fuera de la pareja, dicen los sexólogos. No se trata de ser infiel a la pareja, de engañarla físicamente o psicológicamente, ni de practicar un coqueteo peligroso, sino de disfrutar con los piropos que te puedan decir por la calle, de miradas aprobatorias.

“Los piropos, el coqueteo divertido y sano levantan la moral y es fundamental. Pero hay que tener cuidado y no traspasar ciertos limites”, señala Carmen Serrat.

Cultivar el deseo fuera de casa no significa que juguemos únicamente sobre el registro de la seducción sexual. Se trata también de disfrutar arreglándonos y cuidándonos antes de salir de casa, compartir intimidad con otras personas, ampliar nuestro círculo social… En definitiva, diversificar nuestras fuentes de energía vital, llenar de vida nuestra vida.

Encontrar el complemento necesario

“El amor no es suficiente para que una pareja sea feliz”, afirma el psiquiatra y psicoterapeuta Paulino Castells, autor de “En pareja” y “Separarse bien”. La clave: negociar, respetar y pactar con el otro.

“Se dice que en cada matrimonio hay dos matrimonios: el de él y el de ella. Cada componente aporta a la relación una manera de ser prácticamente inalterable, que tendrá que alterarse. Si no se da este paso, si no nos desprendemos de parte de nuestro ego, tarde o temprano surgirá el brote egoísta en uno de los miembros, o en los dos, que lo mandará todo a paseo.

Con ello no quiero decir que tengamos que reconvertir al otro y hacerle partícipe a ultranza de nuestras afinidades. Nadie tiene que perder su individualidad, pero aquellas cosas que nos diferencian deben ser previamente pactadas”.