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Entrevista con Alaska la cantante

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Alaska llega en compañía de Mario Vaquerizo, su marido, al hotel donde estamos citados. Por una vez, su aparición no provoca miradas. A esa hora no hay mucho público, y el que hay es lo suficientemente elegante como para no levantar la ceja ante el llamativo vestido negro y el pelo inconfundible.

Ocupamos, discretos, una mesa algo apartada y Mario, educadamente, se retira. Ellos son exquisitamente correctos, absolutamente accesibles. Y empezamos a hablar de su disco, 12 canciones melódicas, bailables y pegadizas; en sus palabras, “una revisión del viaje de la vida, el viaje como cambio continuo, como rechazo a la nostalgia y al pasado”.

¿La nostalgia es rechazable?

Es una cosa ajena a nosotros. No somos nostálgicos. Eso probablemente tiene un precio, porque sería más fácil estar tocando los grandes éxitos de siempre para la misma gente.

Aunque también es egoísta por nuestra parte hablar así, porque a veces se es nostálgico porque la situación presente no es agradable, y siempre hay un momento en el pasado que parece más maravilloso. Pero no es ése nuestro caso.

¿Qué crees que se puede hacer, entonces, ante una situación así?

No se me ocurre una fórmula mágica porque la única es seguir adelante. En la vida, a veces, hay cosas horribles: muertes, rupturas… y hay que hacer un punto de inflexión. Aquello era aquello y esto es esto. Aceptar eso y seguir.

Aparte de cantar has publicado libros, has hecho televisión, cosa que has declarado que te encanta, y cine. ¿Por qué tantas cosas?

Quizá es una cosa de edad, porque cosas que al principio me costaban más, se convierten en un medio de expresión más cómodo con el paso de los años. Por ejemplo, escribir colaboraciones.

Recuerdo que las primeras que me encargaron para la revista Sur Express, me costaban una barbaridad… me daba un vuelco el corazón cuando me acordaba que tenia pendiente escribir el artículo, lo vela como una tarea titánica.

Luego escribí como tres años seguidos en ABC todas las semanas, luego tres años seguidos en Diarioló… y eso te da una soltura. No me gusta quedarme en una sola cosa. No sé si es porque no hay nada que realmente haga bien y entonces me gusta el picoteo. Sin embargo, mi único proyecto es la música.

Siempre has sido una abanderada de homosexuales y lesbianas. ¿Cuál es tu declaración de principios?

Ni siquiera siento que pueda hacer una declaración de principios. Yo, a los 13 años, estaba metida en la única o casi única discoteca gay que había en Madrid. Lo veo como mi mundo, no es algo externo a mí.Y Nacho es gay.

A la sexualidad le damos una importancia que no tiene. Con quien se acuesta una persona estigmatiza o incluye dentro de la sociedad. De adolescente, la gente con la que salía siempre era mucho mayor que yo, y no le preguntabas al otro qué edad tenia.

Yo tenía 14 y otra gente tenía 40, y yo era de México y otra era de La Mancha… se mezclaba todo. Yo crecí en ese ambiente y es el que creo más adecuado.

No te consideras, entonces, una provocadora…

Yo no, pero no soy ingenua, acepto las consecuencias. Sé que determinados comportamientos, opiniones, o formas de vestir, aunque a mí me parezcan de lo más normal, para mucha gente no lo son y tienen consecuencias y producen reacciones.

Y lo tienes que asumir. Pero yo no necesito provocar para sentir que existo.

Es decir, que tu manera de vestir no oculta, sino que muestra tu verdadero yo…

Creo que lo muestra, pero lo que el otro lea, ya es otra cosa. Si la interpretación es que se intenta provocar. .. A Mario mismo le encanta vestirse y que le miren. A mi no me parece genial que te miren, me parece maravilloso que no te mire nadie.

Pero mucha gente cree que hay un factor exhibicionista, o al menos piensa que ya que te has puesto como a ti te gusta, te gustará que te admiren. Pero no: te gusta que te dejen en paz. Seria genial no llamar la atención.

 ¿Tú has tenido que pelear mucho?

¿Sabes qué me ha pasado? Que tampoco tardé tanto en ser famosa, ¡y eso cambia todo!

Hasta para las madres. “La niña es artista. ¡Ah, no pasa nada!”. Mientras ella no podía mostrar a sus amigas, porque no había disco o no había niña en televisión, que la niña era artista, pues era un problema, la niña es rara.

Pero cuando la niña es artista ya no es rara, es artista. Hoy sigue habiendo los mismos problemas, para parar un taxi, para entrar en una tienda… pero si eres famoso todo está disculpado y yo lo sé, sé la forma en que se mira a mis amigos y la forma en que se me mira a mí.

Por eso yo no rechazo la fama. Es mejor que te griten “¡Alaska!”, de una esquina a otra, a que te griten rara, fea, de qué vas vestida.

Es curioso que alguien como tú se interese por la Historia. ¿Cuál es el origen de ese interés?

No sé, de pequeña era mi asignatura favorita, pero ahí quedó. Cuando volví a interesarme fue por la antropología, porque tenia interés en conocer los comportamientos de la persona no a través de la psicología, sino a través de una cuestión social.

Yo soy una antropóloga, que es una cosa muy deshonesta, porque no te mezclas, observas. Reconozco que me encanta observar comportamientos ajenos, esas pandillas heterosexuales con las que yo nunca he estado. Pero me di cuenta enseguida de que me interesaba más qué han hecho esas personas y por qué.

¿Y qué te ha enseñado la Historia?

Quizá esa idea que siempre hemos tenido Nacho y yo de que todo es cíclico, de que hay ciertos flujos que tienden a repetirse. En realidad no los flujos, sino nosotros. También te enseña a estar tranquilo, porque lo que tiene que pasar, pasa, y si te toca sobrevivir, te toca sobrevivir y si no te toca, pues no te toca.

La teoría siempre es fácil, pero supongo que cuando tienes que pasar una guerra o una crisis, ya es otra cosa.

Tú también formas parte, en cierto modo, de la historia, quizá de los movimientos pop…

Sí, estás como referencia, como elemento vivo que puede contar cosas para mucha gente que quiere completar conocimientos sobre unos años que no vivió, o que vivió. Eso sí que es raro: una historiadora que a su vez es estudiada por sus compañeros de curso. Ten *0 compañeros que han hecho su tesis sobre los años 80 en España, y me preguntaban cosas de primera mano.

Todo el mundo ha podido seguir la evolución de tu imagen pública, pero ¿cómo has cambiado tú, Olvido, desde entonces?

Yo empecé a ser adolescente a los 12 años. Pero me negué a ser adolescente. A los 13 ya era una chica de veintitantos, como mis amigos. Y he interiorizado muy poco hasta los 30 años, cuando experimenté un cambio muy grande. Entré en una etapa reflexiva, que todavía me dura, y que me ha dado mucha seguridad en mí misma.

O al revés, a lo mejor es la seguridad en mí misma lo que me ha dado la posibilidad de permitirme interiorizar, sin aterrorizarme de lo que iba a encontrar. Yo creo que antes no me lo permití porque pensaba que no lo iba a aguantar. Pero no sólo se aguanta, sino que se sale fortalecido.

Y antes de eso, ¿cómo recuerdas tu infancia?

La tengo muy delimitada por el viaje. Mi infancia tiene que ver con México, con la manera de vivir allí, las series de televisión, mis minifaldas, mis carpetas con las fotos de mis ídolos pegadas…

Siempre digo que mi infancia era pop, llena de colores. Una infancia muy parecida a la de las niñas de hoy, pero nada parecida a las de las niñas de mi edad que encontré cuando llegué a España. Mi infancia acabó a los 10 años.

Llego a España, blanco y negro, no hay Barbies, uniforme en el colegio, se acabó la minifalda. Fue un shock. Sin embargo, a los seis meses ya estaba integrada, feliz.

Tu madre cubana, tu padre republicano exiliado… ¿Cómo has integrado esos dos mundos?

Ellos son ejemplo de la falsedad de las etiquetas. Mi padre republicano era un pequeño dictador en casa. La ideología es algo tan grande que hace que un hombre vaya a una guerra, pero luego en su casa esos ideales puede no planteárselos para nada.

En cuanto a mi madre, siempre ha sido una mujer increíblemente libre. Yo no me siento de ningún lado, ni de México, ni de España, ni incluso de Londres, que es un descubrimiento mío, yo siento pertenencia a esa ciudad. Y no sé si esto es bueno o malo, pero creo que me ha preparado para lo que me ha tocado vivir.

Volvamos al presente. Sorprendiste a todo el mundo casándote con Mario. ¿Qué ha aportado él a tu vida?

Yo siempre me he enamorado de gente mucho mayor que yo, he estado toda la vida acostumbrada a ser la pequeña, mi primer disco con 14, haciendo mi primera película, con Almodovar, con 16, y el hecho de que Mario sea más joven que yo, ya es una sorpresa.

Mario es perfecto, compartimos un mundo de fetiches, que es algo muy importante para los dos.Y somos complementarios, porque si yo soy hacia dentro, él es hacia fuera; de alguna manera él es mi conexión con el mundo exterior.

Yo tengo un móvil que sólo enciendo cuando no estoy con él para que me llame, no tengo email, incluso me cuesta llamar a los amigos aunque quiera verlos, porque me da pereza hablar por teléfono. Llego a ellos a través de él. Aparte está la cuestión amor, que no se puede explicar, que es inefable, que no tiene palabras.

Mario me aporta muchísimo, me hace muy feliz. Nos casamos a los seis meses de empezar, por eso tenemos dos aniversarios, uno en junio y otro en noviembre: primer beso y boda. Y celebramos los dos por igual.

En alguna ocasión has dicho que la mayoría de vuestras canciones increpan a Dios. ¿Por qué?

No sé, el factor religioso es curioso. Nacho fue a un colegio de curas, a los jesuítas, pero no tuvo una educación especialmente religiosa.Yo siempre fui a uno laico y estoy bautizada de casualidad, porque mi padre se negaba.

A mí me enseñó a rezar el padre nuestro mi abuela en inglés, francés y español y ahí acabó mi educación religiosa. Pero los dos debemos tener mucha querencia por la espiritualidad, tanto por la de verdad profunda como por los aspectos más naif: mitos, ocultismo…Todo lo que implica creencias, espiritualidad, siempre nos ha gustado.

¿Cómo definirías esas creencias?

Creo en un poder superior, da igual como le llames. No sé si fue en la biografía de Jung donde leí que él no estaba de acuerdo con que buscáramos la espiritualidad fuera de nuestra cultura, porque conducía a confusiones.

Eso me llamó la atención. Lo leí en una época en la que estaba rodeada de dioses hindúes por todas partes, y me pareció una reflexión interesante.

Creo que la espiritualidad hay que buscarla en uno mismo, entenderla como algo individual que nadie va a sentir igual que tú y nadie va a compartirla igual que tú.

Tu madre echa las cartas…

Sí, hay cosas que no le gustan, pero a sus amigas se las echa. Pero si ve algo negativo no lo dice, porque le parece horrible.

Supongo que te las habrá echado en más de una ocasión…

Sólo cuando era pequeña. Para qué me voy a condicionar… porque aunque digas: “¡Bah!, mamá, vaya tonterías…”, ya te lo han dicho.

Si lo hiciera, ¿qué te gustaría oír?

Todas las posibilidades están ahí: el poder, el éxito, la seguridad, la falta de éxito, la falta de poder, la falta de seguridad….Tú, más o menos, intentas ir por donde tú quieres, pero hay cosas que se pueden escapar.

Prefiero concentrarme en mañana y en el mes que viene. Y eso que soy muy planificadora, me hace feliz saber que en mayo me tengo que ir a Harvard a dar una conferencia. Pero no pienso más allá, para qué.

Creo que lo único que podemos hacer es trabajarnos las cosas, y luego tener suerte para que esos hechos horribles no ocurran, o que ocurran en la menor medida posible