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Psicodrama, técnicas, ejemplos y ejercicios reales.

Psicodrama, técnicas, ejemplos y ejercicios reales.

“Psico” viene de mente y “drama” tiene su origen en acción: mover, movilizar, la mente; ése el propósito del psicodrama, moverse para encontrar un camino. Y atreverse a recorrerlo.

Nos atrevemos y contamos cómo lo vivimos.

Si me dispongo a escribir sobre mi experiencia con el psicodrama deberé hacerlo sin miedos. Y sin dudas. Empecemos. Mi padre se fue cuando yo tenia dos años. Y prescindiendo de “a dóndes” y “por qués”, la cuestión, verdadera y única para mi, es que me quedé sin saber cuál era su color preferido (supongo que el azul, como el mió), sin aprender a afeitarme (aún me corto sólo viendo la maquinilla) y, para qué negarlo, con una esperanza de regreso.

Y esto fue lo único que le dije a Pablo Población Knappe, fundador y director del Instituto de Técnicas de Grupo y Psicodrama, cuando le fui a ver. Cuando le fui a ver descreído, como siempre, de que cualquier tipo de terapia me ayudara.

Y Pablo (porque la verdad es que ya no le puedo decir doctor), con sus cejas pobladas, su hablar pausado y sus gestos precisos, me contó: “La comunicación humana es un 75 por ciento no verbal, gestual, y un 25 por ciento verbal; entonces, una terapia que sólo tiene un sentido verbal está basada en una pequeña porción de la comunicación.

En cambio, en psicodrama trabajamos todas las posibilidades de la comunicación y enriquecemos la movilización de las emociones y, por tanto, de la acción terapéutica”.

Acción, no actuación

El primer mito que me destruye Pablo es el del teatro. El psicodrama no es actuar. O sí, pero en el sentido de acción, no en el de actuación. Y lo bueno para los tímidos es que no es necesario hacerlo con un grupo. Las sesiones pueden ser a solas con un terapeuta o con grupos, que van desde siete miembros hasta, muy raramente, unos cien (claro que esta opción es algo compleja. .. y acomplejante).

Las sesiones en grupo tienen la ventaja de tener un protagonista, pero también “actores secundarios”. “Cuando sale un sujeto a dramatizar -confirma Pablo- no está solo. El grupo hace de su entorno, de su familia. Cada persona trae sus inquietudes, sus problemas; de este modo, un día uno es hijo, porque tiene un problema como hijo. Pero este problema está revolviendo cosas en todos los demás miembros del grupo”.

“Y los revuelven desde el lugar de hijos -continúa-, pero también desde el sitio que ocupamos como padres. Para resolver esto a veces se escoge una persona que se llama “yo auxiliar”, que puede ser una persona preparada u otro miembro del grupo. Este “yo auxiliar” lo coge como a un niño, lo cual despierta muchos recuerdos y le permite empezar a ver una solución. Nosotros no hablamos de cura, sino de crecimiento, de cambio”.

Ahora sabía a qué me enfrentaba, dónde me había metido. Pero seguía tenso, no sabía qué iba a ocurrir.

Pablo me deja hablar, me escucha y me sugiere un ejercicio. Me sienta en una silla, coloca otra frente a mi y me obliga a hablarle a mi padre… como si estuviera ahí, como si la silla no estuviera vacía, al igual que mi memoria.

Le pregunto para qué. “¿No podría simplemente contarle lo que me pasa?”. En su respuesta, me define el eje del psicodrama: “Los conceptos más profundos de las emociones provienen de una etapa en que el sujeto aún no sabe hablar. Si sólo elaboramos esas etapas de la vida con lo verbal es muy difícil; si lo hacemos a través de lo corporal accedemos a ellas mejor”.

Al principio no sé qué decir. Contar es fácil, puedo hasta mentir con las palabras, pero pensar que al otro lado de la silla está mi padre…

El terapeuta no traduce, ayuda

Me parece inútil. ¿Qué respuesta puede darme mi propia imaginación? Entonces recuerdo lo último que me dijo Pablo: “Si elaboramos las etapas a través de lo corporal, accedemos a ellas mucho más fácilmente”. Entonces, me pongo manos y cuerpo a la obra. Cierro los ojos.

Trato de hacer desaparecer todo lo que me rodea: el estudio, los libros, la mesa… Quedamos sólo las sillas y yo, pero no puedo “ver” a mi padre; sólo enmarcado en una foto ajada en la que me sostiene en brazos. Lo intento, pero no puedo. Hasta que miro a Pablo y le explico:

“Es que hace tanto que no lo veo…”.Y Pablo me sonríe sabio. Entonces, me doy cuenta. Mi excusa no es que no hay nadie en la silla, sino que han pasado años. Y todo sale de repente. Le pregunto “a dón-des” y “por qués”, le reclamo minutos, le exijo abrazos. Ie pido que me confiese su color preferido y me relate su primer amor. Creo que no me di cuenta de que al otro lado no había nadie. Creo que de algún modo, incomprensible, me escuchó.

Llegado ese punto no puedo volver a hablar, no porque no me salgan las palabras, sino porque espero respuestas. Le pido a Pablo que mi: haga entender qué es lo que dije, por qué, para qué. Pero no es una terapia y él no es mi traductor. Entonces, se erige en director:

“Quien dirige no lo hace desde un sitio de poder, sino desde la ayuda, para que surja la solución. Las respuestas las irás descubriendo”.Y esto, que inicialmente me suena enigmático, se termina cumpliendo. Pablo me ubica en la “silla de mi padre” y me dice que explique qué pasó, que me cuente.

Me siento ajeno al respaldo, intruso en unas razones que no entiendo y trato de explicar. La verdad es que no recuerdo ni una palabra, pero tengo en la memoria la sonrisa de pena ahogada y la certeza de comprender que buscar razones donde sólo hay sentimientos es inútil. Es vano. Y ese vano merece una puerta que lo cierre. ¡Ah! el color preferido de mi padre fue el amarillo, igual que el de mi hija.

Psicodrama, cómo nació y cómo se imparte

El psicodrama surge en Viena, Austria. Su padre es Jacobo Levi Moreno, un judio sefardí, formado en la academia de medicina de Viena. Fue allí donde conoció al padre del psicoanálisis, al terminar una conferencia sobre la telepatía en los sueños.

Al finalizar la conferencia, Moreno, que acababa de comenzar su carrera, le dijo: “Profesor, usted analiza los sueños de sus pacientes. Yo les ayudo a soñar de nuevo”. Nada se sabe de la respuesta que dio Sigmund Freud. Levi creó en Viena el teatro de la espontaneidad, donde cada uno contaba lo que quería, algo que habia vivido. Esto le sirvió para que, al emigrar a Estados Unidos, comenzara a realizar experiencias con grupos (fue el primero que lo hizo) y experimentara con presos. Logró, así, cambiar el ambiente opresivo que se vivía en una cárcel.

  • La dramatización es un medio para acercarse a un problema, aunque no el único. Se puede esculpir, dibujar, recitar…, en definitiva, poner en acción todos los sentidos.
  • Las sesiones de psicodrama están indicadas para cualquier persona que tenga algún tipo de problema. Para los tímidos son especialmente positivas, porque, al no ser verbales, resulta mucho más fácil canalizar y expresar los sentimientos.
  • Las sesiones de psicodrama pueden ser individuales o grupales (desde siete personas hasta casi cien).
  • El período durante el que se realicen dependerá de las circunstancias de cada uno. Pero pueden ser de ida y vuelta: servir para resolver algún conflicto, dejarlas y luego volver para solucionar nuevos problemas.
  • Duran aproximadamente una hora y media.
  • Las sesiones pueden costar a partir de, aproximadamente, 50 euros, dependiendo del profesional y el tipo de terapia (individual o grupal).
  • Para poder hacer psicoterapia, un experto debe tener una titulación previa en el área de la salud y 600 horas de formación especifica.